La Psiconeuroinmunología

La Psiconeuroinmunologia es una nueva disciplina científica, que se forma a partir de los años 80, apoyada en los descubrimientos de Ader y Cohen de las respuestas inmunitarias condicionadas y que postula la interacción bidireccional entre: el sistema nervioso centra, el sistema endocrino, el sistema inmune y la psique, para explicar la presencia de salud y enfermedad. La Psicoinmunología es el área de aplicación psicológica clínica de las evidencias experimentales obtenidas por la psiconeuroinmunologia.



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LA COVID-19 Y AUTOCUIDADO DESDE LA PSICONEUROINMUNOLOGÍA













Pablo Canelones

La pandemia de la Covid-19, es una enfermedad infecciosa causada por un virus nuevo, del grupo de los coronavirus, el SARS-CoV2, originado en la ciudad china de Wuhan en el año 2019. El virus se contagia a través de las gotículas de saliva que se expulsan al hablar, toser o estornudar, e ingresan por la boca, la nariz o los ojos. Esta enfermedad ha encontrado a los países del mundo desprovistos de un medicamento específico contra el virus. Igualmente las personas carecen de memoria inmunológica ante ese patógeno, que le permita un proceso defensivo rápido y eficiente, por ser un virus nuevo con el que su sistema de defensa no ha tenido contacto previo. La elaboración de un recurso terapéutico y una vacuna tomará tiempo, al igual que, el desarrollo de la memoria inmunológica en las personas que se contagien y logren superarlo.

En este momento son importantes las acciones preventivas. El objetivo central es evitar el contagio y para ello contamos con estrategias diseñadas por los epidemiólogos: como barreras físicas (mascarillas, guantes, anteojos y vestimenta de protección), químicas (desinfectantes, jabones, gel) higiénicas (lavado de manos y superficies contaminadas) y sociales (distanciamiento físico y aislamiento de enfermos) para impedir la propagación y proteger a la población mundial, especialmente a los más vulnerables. Otras acciones van dirigidas a apoyar al sistema inmunológico para que permanezca indemne, para ello, existen recursos bioquímicos y conductuales.

El miedo natural al contagio, a la muerte, el distanciamiento físico, la reclusión obligatoria en casa y la incertidumbre  son fuentes de estrés crónico, que generan una activación fisiológica, caracterizada por un conjunto de manifestaciones, entre ellas: aumento de la frecuencia cardíaca ritmo respiratorio,  metabolismo basal, tensión muscular, colesterol,  glucosa en sangre  y la secreción de sustancias como la adrenalina, noradrenalina y el cortisol, que pueden comprometer la respuesta inmunológica, tal como se ha reportado en la literatura del campo de investigación de la psiconeuroinmunología.
   
A continuación se enumeran algunas sugerencias para apoyar la acción del sistema inmunológico, con base en las variables psicobiológicas relacionadas con el sistema de defensa. Son comportamientos, reportados por investigación científica, dirigidos a disminuir la activación fisiológica del estrés y en consecuencia evitar el compromiso negativo sobre el sistema inmunológico. Están relacionadas con las variables del modelo del espectro del estrés, de Dhabhar y McEwen (1997) que incluyen como resiliencia psicológica y fisiológica, frente al estrés crónico, para minimizar o impedir la desregulación inmune. Son pautas muy sencillas que usted puede realizar  en el lugar donde se encuentre e incorporarlas a su rutina de actividades de autocuidado.

Las recomendaciones son las siguientes:
1.-Realice actividad física de forma moderada y regular. Lo ideal es que lo haga por lo menos 30 minutos, varias veces por semana. Si en la actualidad no lo hace, puede realizarlo en menor tiempo e ir incrementado hasta llegar al tiempo óptimo.

2.-Procure mantener su rutina de sueño. Mantenga su horario de acostarse y despertar, así como el número de horas que dedica dormir, que puede estar entre 6 a 8 horas, que puede variar en función de sus características personales.

3.-Mantenga su rutina de alimentación. Evite los ayunos prolongados, conserve su horario de comidas y la calidad del balance nutricional, ya que el proceso de defensa demanda mucha energía.

4.-Tomar el sol y ver la luz natural. Tome sol al amanecer o por la tarde, unos 20 o 30 minutos. La luz estimula procesos reguladores complejos, o relojes biológicos, mediados por hormonas, neurotransmisores y neuropépidos. Es preventivo de la depresión.

5.-Mantenga activa sus relaciones sociales. Se ha reportado que el apoyo social es un amortiguador del impacto negativo del estrés crónico sobre la respuesta inmune. Durante la cuarentena mantenga contacto telefónico con sus familiares y amigo. La voz de los familiares es equivalente a un abrazo.

6.-Exprese emociones placenteras y displacenteras. El bienestar psicológico no radica en experimentar solo emociones placenteras, sino en la capacidad de identificar, expresar y sustituir cualquier tipo de emoción, la no expresión emocional se puede convertir en un estrés crónico.

7.-Haga respiraciones diafragmáticas. Es recomendable que haga respiraciones diafragmáticas, lentas y profundas varias veces al día, en momentos de reposo. Este tipo de respiración disminuye el estrés, el cortisol y la frecuencia cardíaca, así como la ansiedad y estado de ánimo deprimido.

8.-Practique alguna técnica de relajación muscular. Un número importante de investigaciones han reportado la influencia positiva de la relajación, sobre el estrés, la frecuencia respiratoria, el cortisol y la regulación inmune.

9.-Evitar los pensamientos de anticipaciones catastrofistas. Evite la rumiación de pensamientos catastrofistas sobre situaciones futuras. Cuando sean eventos indeseables de alta probabilidad de ocurrencia, elabore un plan de acción para hacerle frente, en el caso de presentarse el peor escenario, para elevar la sensación de control.

Todos estos comportamientos incorporados dentro de su rutina de autocuidado van a coadyuvar con la regulación del sistema inmunológico, por vía de disminuir la activacón del estrés, pero no hay reportes de su valor curativo frente a una infección por el SARS-CoV2.

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EL SISTEMA INMUNE: UN SISTEMA SENSORIAL

























Pablo Canelones

En la actualidad se considera que el sistema inmunológico es un complejo organismo sensorial. La verificación de que los sistemas nervioso e inmunológico utilizan un lenguaje bioquímico común, es uno de los descubrimientos más notables de la biología moderna.  La comunicación entre ellos se efectúa, mediante un conjunto de péptidos, neurotransmisores peptídicos y citoquinas, producidos por ambos. Estos mediadores químicos se trasladan por vía física y humoral, para actuar sobre un repertorio común de receptores y verificar la comunicación bidireccional. Este complejo sistema de superinformación y regulación (1), ha llevado a considerar al sistema inmune, no sólo como un sistema de defensa del organismo, sino también como un sexto sentido. Dotado de gran sensibilidad y especificidad, para detectar y avisar al sistema nervioso de la presencia de: virus, hongos, bacterias, y células tumorales, que son imperceptibles para los sentidos clásicos. (2).

El sistema inmune integrado a los sistemas nervioso y endocrino, en comunicación permanente, representa una gestalt. Es un sistema integrado de gran complejidad (3), que funciona como un sexto sentido. Se encarga de informar al organismo con una codificación diferente a la forma como usualmente conocemos nuestro entorno. Por tratarse de realidades que se verifican dentro del organismo, no se pueden escuchar, ver, oler, saborear ni tocar. El sistema nervioso tiene la capacidad de decodificar el mensaje con exactitud y adicionalmente elaborar una respuesta con las cualidades requeridas para movilizar al organismo a responder al desafío defensivo (4). Puede ser una respuesta efectora: bioquímica o conductual. Un ejemplo ilustrativo de esta comunicación y de la respuesta efectora conductual es el sickness behavior, o síndrome del comportamiento de la enfermedad.

El sickness behavior, fue descrito inicialmente en animales enfermos y está caracterizado por: fiebre, anorexia o disminución del apetito y letargo. Este conjunto de comportamientos inhibitorios de actividades no esenciales para el reto inmune, son la respuesta conductual a la necesidad del sistema inmunológico de disponer de la mayor energía posible, para realizar el proceso defensivo. Esta comunicación está determinada por varias citoquinas secretadas por los leucocitos en su proceso de defensa, los cuales incluyen la interleuquina (IL-1B, IL-6) y factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α). Estas citoquinas secretadas por las células fagocíticas mononucleares, activadas en el proceso defensivo, llevan la información por vía humoral o nerviosa al cerebro, para propiciar una respuesta proporcional al desafío defensivo planteado (5).

En los humanos, el comportamiento de la enfermedad se manifiesta por: anorexia, fiebre, letargo, disminución de funciones cognitivas, reducción de actividades sociales y malestar subjetivo. Todos estos síntomas se pueden inducir en sujetos sanos con inyecciones periféricas y centrales de lipopolisacáridos (LPS), un inductor de citoquinas y recombinantes de citoquinas proinflamatorias, como la interleuquina-1 beta (IL-1B). Existen evidencias de que las distintas manifestaciones del comportamiento de la enfermedad son mediadas por diferentes citoquinas. También se ha comprobado que la importancia relativa de estas citoquinas, no son iguales en los comportamientos de citoquinas periféricas y centrales (6). Estas evidencias pueden indicar la especificidad de la comunicación bioquímica, que efectúa el sistema inmune con el sistema nervioso, que podría ser percibido por la conciencia de una manera diferente a la mediada por los sentidos tradicionales y puede inducir respuestas química y conductuales cuantitativamente diferentes.

El sickness behavior, podría explicar la insistencia de algunos pacientes, sin antecedentes de hipocondría, en ser examinados de alguna parte del cuerpo, por sensaciones somáticas subjetivas, difusas pero significativas. Pueden ser alteraciones que pasan inadvertidas en un examen físico de rutina, pero luego de procedimientos más especializados, se evidencia algún proceso incipiente, aún sin manifestaciones clínicas perceptibles. La presencia de cualquier agente patógeno es suficiente, para activar al sistema inmune para actuar e informar la índole de la alteración, la región afectada y estructurar la conducta de alarma, que le impulsa a solicitar asistencia médica. El síndrome del comportamiento de la enfermedad es característico de los procesos neoplásicos, que puede mantenerse en el curso de la enfermedad (7). Con frecuencia es la primera manifestación clínica de baja intensidad, de enfermedades sistémicas o localizadas y puede confundirse con la instauración de un cuadro depresivo.

Referencias:
  1. Ferencík, M., Novák, M., Rovenský, J. (1998) Relation and interactions between the immune and neuroendocrine systems. Bratisl Lek Listy, 99, 454-64.
  2. Blalock, J. (2005). The immune system as the sixth sense. J Intern Med, 257, 126-38.
  3. Dozmorov, I., Dresser, D. (2011). Immune System as a Sensory System.  Int J Biomed Sci, 6, 167-175.
  4. Blalock JE, Smith EM. (2007) Conceptual development of the immune system as a sixth sense. Brain Behav Immun. 21(1):23-33.
  5. Johnson, R. (2002). The concept of sickness behavior: a brief chronological account of four key discoveries.Vet Immunol Immunopathol, 87, 443-50.
  6. Dantzer R, Bluthé RM, Gheusi G, Cremona S, Layé S, Parnet P, Kelley KW. (1998) Molecular basis of sickness behavior. Ann N Y Acad Sci. 856:132-8.
  7. Myers JS, Pierce J, Pazdernik T. (2008) Neurotoxicology of chemotherapy in relation to cytokine release, the blood-brain barrier, and cognitive impairment. Oncol Nurs Forum. (6):916-20.   

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LOS PACIENTES EXCEPCIONALES DE BERNIE SIEGEL














Pablo Canelones


El Dr. Bernie Siegel, nació en Nueva York en 1932, médico cirujano general y pediátrico, docente universitario. Se interesó en la observación de las características de personas con cáncer, que gestionaban adecuadamente el impacto emocional del diagnóstico y los tratamientos oncológicos. Esas cualidades las englobó en el concepto del paciente excepcional, que publicó en el año 1986, en su libro Amor, medicina milagrosa que se convirtió en best-seller mundial de la autoayuda y la New Age. En esa publicación establecía una relación directa entre las características del paciente excepcional, el fortalecimiento del sistema inmunológico y la superación del cáncer. Sus afirmaciones estaban fundamentadas básicamente en su experiencia con las personas atendidas en su práctica privada y en su programa de apoyo psicosocial: Pacientes excepcionales con cáncer (PEC) patrocinado por la fundación Siegel desde 1978.

Bernie Siegel, no realizó ningún protocolo de investigación controlado para apoyar sus afirmaciones. Las investigaciones de Spiegel y Fawzy en los años 80 sobre la influencia de los programas psicosociales en la remisión del cáncer parecían apoyarlas, pero las investigaciones posteriores con mayor rigor metodológico no han logrado establecer la influencia directa, significativa, entre las características de personalidad ni de programas de apoyo psicosociales en la remisión del cáncer. No obstante, las cualidades personales de los pacientes excepcionales que observó Siegel, son similares a las reportadas como empoderamiento ante la enfermedad, que las investigaciones han relacionado con aumento de la calidad de vida y con adhesión al tratamiento. En consecuencia puede actuar como factor adyuvante en el proceso de remisión, se podría decir, que son condiciones necesarias pero no suficientes para que se produzca la remisión. Las características que Bernie Siegel observó en los pacientes excepcionales fueron las siguientes:

1.-Estaban dispuestos a elegir
Aprendían de los demás pero no dejaban que nadie decidiera por ellos. "estaban dispuestos a experimentar cosas nuevas", querían decidir y aprender de sus experiencias.

2.-Asumían responsabilidades
Se concentraban en lo que eran capaces de hacer, no tenían miedo al fracaso, estaban dispuestos a aprender de las frustraciones y adversidades, para salir fortalecidos y probar otras opciones.

3.-Tenían sentido de humor
Conservaban su sentido del humor, incluso en medio de la adversidad. Como forma de liberación de contenidos inconscientes perturbadores, pero no como un mecanismo de evasión de la realidad.

4.-Querían participar y entender
Se consideraban parte del equipo de tratamiento y no un ser sumiso, paciente o víctima de las circunstancias. Deseaban participar activamente en las decisiones, con el conocimiento adecuado que le proporcionara su médico.

5.-Querían conservar su identidad personal  
No se consideraban “pacientes” o “cancerosos” o “pacientes oncológicos” sino una persona con nombre y apellido, que tiene un diagnóstico de cáncer de un tipo específico.

6.-Asumieron la enfermedad como un reto
Ser excepcional también significa decir: "quiero saber lo que me pasa; quiero tomarlo como un reto; quiero sanar" y preguntarse ¿Cómo puedo hacer para colaborar con mi recuperación? ¿Cuáles son los recursos disponibles para hacer frente al diagnóstico?

7.-Conservaron su poder personal
La clave de las personas excepcionales es que conservan su poder personal, identidad y autonomía.

Todas estas características pueden ser adquiridas y desarrolladas fácilmente por las personas que se enfrentan a una enfermedad de riesgo, con la ayuda de un profesional de la psicología. Para hacer frente al impacto emocional del diagnóstico y tener elementos de control en el proceso de recuperación. 


Referencias bibliográficas

Siegel, B. (1995). Amor, medicina milagrosa. Madrid: Editorial Espasa Calpe.
Siegel, B. (1995). Cómo vivir día a día: guía para la vida, el amor y la salud. Barcelona: Editorial Urano. (pp.101-107)

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ALGUNAS REVISTAS DEL ENFOQUE PSICOSOMÁTICO












Pablo canelones

El desarrollo de la medicina antropológica alemana y psicosomática americana se inició en la década de los 30 del siglo pasado. La idea de la relación entre lo somático y lo psíquico se popularizó rápidamente y tuvo expresiones interpretativas en la literatura, el cine, las revistas de entretenimiento y otros espacios sociales. En consecuencia se amplió el nivel de conciencia sobre la participación de lo psicológico en la salud y enfermedad, pero también se fue armando una discurso paralelo de tipo especulativo, que de alguna forma banalizó la visión psicosomática en el público no especializado.

No obstante este enfoque continuó su trabajo organizativo y de investigación para generar teorías, nuevas hipótesis y aplicaciones clínicas. Con esa motivación se fundó la Sociedad Psicosomática Americana y en 1939 circuló el primer número de su órgano divulgativo, “Psychosomatic Medicine”. Se describieron inicialmente siete enfermedades psicosomáticas, en donde las variables psicológicas eran determinantes y posteriormente se estudiaron enfermedades en donde lo psicológico modulaba otras variables para que se pudiera establecer la enfermedad con sus síntomas típicos.

En las dos últimas décadas del siglo pasado la medicina psicosomática recibió un impulso significativo, con los aportes de otras disciplinas, como la psicología, la neurología, inmunología, las neurociencias, la psicofisiología, inmunología y biología molecular, entre otras. Desde el año 2002 las instituciones académicas y gremiales de Estados Unidos reconocieron a la medicina psicosomática como una subespecialidad médica del campo de la psiquiatría. El trabajo de sus investigadores creció significativamente al igual que las revistas científicas especializadas en el tema.

A continuación se presenta una pequeña muestra de 17 revistas especializadas, indexadas y arbitradas, de circulación internacional, que publican temas relacionados con el enfoque psicosomático, que puede ser de utilidad para las personas interesadas en tener referencias primarias sobre el tema o profesionales que trabajen en el área clínica para que apoyen su actividad en evidencias experimentales. El nombre de las publicaciones se incorporó como enlace a su página oficial, en donde encontrará el índice de la última publicación y diferentes opciones de búsqueda en números anteriores.


























GEORGE SOLOMON, DEFINE LA PSICONEUROINMUNOLOGÍA























Pablo Canelones



El Dr. George Freeman Solomon, médico psiquiatra cofundador de la psiconeuroinmunolgia, nació en Freeport, Nueva York en 1931 y murió en Los Ángeles, California en el 2001. Estudió medicina en la universidad de Stanford, desde 1959 a 1961 se desempeñó como jefe del servicio de consulta de salud mental en Fort McClellan, Alabama. Posteriormente ocupó cátedras en Stanford, la universidad de California, en los Angeles y en San Francisco donde fue vicepresidente del departamento de psiquiatría desde 1978 hasta 1983. Por sus valiosos aportes a la docencia e investigación, se le otorgó la distinción de profesor emérito de la universidad de California. Fue uno de los primeros en desafiar la noción de un sistema inmune autónomo, en contra de la opinión de la comunidad biomédica de su época. Acuñó el término psicoinmunología y documentó con sus investigaciones, la relación entre el cerebro, las emociones y la inmunidad. En la década de los 60 se interesó por el estudio de las variables emocionales en enfermedades como la artritis reumatoide. Posteriormente se interesó por describir las características de personalidad de las personas con alergia, las modificaciones inmunológicas de las personas con estrés postraumático y la determinación de las características de personalidad de las personas con larga supervivencia al SIDA. Fue miembro activo y honorario de múltiples sociedades científicas internacionales y miembro del comité editorial de la revista Brain Behavior and Immunity. Publicó un importante volumen de artículos en revistas científicas especializadas y libros sobre las visiones: psicosomática y psicoinmunológica. 

En el año 2001, en el congreso virtual de psiquiatría Interpsiquis 2001, tuve el honor de compartir con el Dr. Solomon, en una mesa redonda sobre psicosomática y psiconeuroinmunología. De su ponencia sobre aspectos históricos de la psiconeuroinmunología, transcribo su definición de este nuevo campo de investigación científica.

“…La psiconeuroinmunología representa la ciencia transdisciplinaria que investiga las interacciones entre el cerebro (mente/conducta) y el sistema inmune y sus consecuencias clínicas. Aunque comúnmente conocida por el nombre de psiconeuroinmunología PNI, el Psicólogo Robert  Ader inventó el término a fines de la década del 70, también es conocida con los términos de neuroinmunomodulación y menos conocida como neuroinmunoendocrinología o, inmunología conductual. Sus aspectos clínicos desde el entendimiento de los mecanismos biológicos subordinados por la influencia de factores psicosociales sobre el comienzo y curso de las resistencias inmunológicas y para el entendimiento de la inmunología generadas en síntomas psiquiátricos. Esto es básicamente los aspectos científicos que involucra el entendimiento del complejo y la interacción de la neuroendocrinología y la inmunología generadora de redes en el mantenimiento de la salud y combatiendo enfermedades.

La Psiconeuroinmunología debe proveer básicamente el conocimiento de la dinámica biológica de la medicina humana y alternativa o técnicas médicas complementarias y ofrece desarrollar nuevos modelos no lineales de salud y enfermedad.

Por su singularidad, la psiconeuroinmunología, es un puente para las disciplinas tradicionales de psiquiatría, psicología, neurología, endocrinología, inmunología, neurociencias, medicina interna, incluyendo también la cirugía (cicatrización de heridas).

La colaboración interdisciplinaria es generalmente esencial e intrínseca para su investigación. El campo crece rápidamente, como evidencia de esto en 1981 eran 14 Capítulos de la Primera Edición del principal Libro, pasó a 46 capítulos en 1991 con la segunda edición (2) y a los 80 capítulos en 1999 con tres volúmenes en la tercera Edición…”  

Referencia
Solomon, G. (2001). Psiconeuroinmunología: sinopsis de su historia, evidencia y consecuencias. Trabajo presentado en el II Congreso virtual de psiquiatría, Interpsiquis 2001, mesa redonda: psicosomática, Madrid, España. Disponible en: 



RESPUESTAS INMUNITARIAS CONDICIONADAS. R ADER



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EL PSICÓLOGO ROBERT ADER, DEFINE LA PSICONEUROINMUNOLOGÍA
























Pablo Canelones


El Dr. Robert Ader  (1932 – 2011) psicólogo y fundador de la psiconeuroinmunología, nació en Nueva York, egresó como psicólogo de la universidad Tulane de Luisiana en 1953 y con Ph.D. en psicología en la universidad Cornell de Nueva York en 1957. Se desempeñó como profesor e investigador de psiquiatría y psicología durante 50 años en la universidad de Rochester Medical Center. Desde el año 1957 se interesó en el estudio del enfoque psicosomático, especialmente en la influencia de variables ambientales en la salud, que investigó con modelos humanos y animales. Acuñó el término de psiconeuroinmunologia para designar a un nuevo campo de investigación. Descubrió la respuesta inmunitaria condicionada y en 1975 diseñó junto al Dr. Nicholas Cohen un protocolo impecable que demostró que el sistema inmune podía ser condicionado y en consecuencia estaba influido por el sistema nervioso. Su producción intelectual está reflejada en múltiples artículos en revistas especializadas y libros. Fue creador de la revista Brain Behavior and Immunity en 1987, creador y editor del libro Psychoneuroinmunology, cuya primera edición es de 1981. Fue fundador y presidente de la Sociedad de Investigación en Psiconeuroinmunología y también de la Academia de Investigación de Medicina del Comportamiento y de la Sociedad Americana de Psicosomática. Su trayectoria y descubrimiento, le hizo merecedor de múltiples distinciones, entre ellas: el título de profesor emérito de la univerdidad de Rochester, título honorario de doctor en ciencias de la universidad de Tulane, título honorario de medicina de la universidad de Trondheim en Noruega.

De un capítulo sobre "perspectivas históricas de la psiconeuroinmunología" tomamos su definición de este nuevo campo de investigación y las variables relacionadas.

“…La Psiconeuroinmunología se refiere más simplemente, al estudio de las interacciones entre los procesos de adaptación de conducta, neurales, endocrinos (o neuro endócrinos) y los inmunológicos. Su premisa principal es que la homeostasis es un proceso integrado que involucra las interacciones entre los “sistemas” nervioso, endócrino e inmune. El término fue primero utilizado en 1980, en mi exposición presidencial a la Sociedad Psicosomática de Estados Unidos (American Psychosomatic Society). Su uso más conspicuo fue como título de un volumen editado al cual un crítico se refirió proféticamente como “el volumen de un nuevo campo de investigación”. Ese primer volumen fue un intento de aunar las investigaciones que sugerían una relación entre el cerebro y el sistema inmune. Tradicionalmente, sin embargo, el sistema inmune ha sido considerado una agencia autónoma de defensa, un sistema de defensa del cuerpo regulado por las interacciones celulares que son independientes de las influencias neurales. Además no había conexiones conocidas entre el cerebro y el sistema inmune. Si se sabía que las hormonas, o, al menos las hormonas adrenales podían influir sobre la inmunidad; y algunos investigadores eran conscientes de que las lesiones cerebrales podían influir sobre las respuestas inmunes; y además se sabía o como mínimo se sospechaba que los estados emocionales estaban asociados con el desarrollo o progreso de las enfermedades relacionadas con el sistema inmune. Muy pocos científicos en ese momento, sin embargo, tomaron esas observaciones seriamente. Después de todo, no había explicaciones mecanicistas de cómo podían suceder tales cosas.

Considerando el corto tiempo durante el cual la investigación multidisciplinaria ha considerado las interacciones del sistema inmune y del cerebro, se han acumulado muchos datos como respaldo de la observación de que los mecanismos homeostáticos son el producto de un sistema integrado de defensas del cual el sistema inmune es solo un componente. La actividad del sistema nervioso autonómico y el flujo neuro-endocrino vía pituitaria pueden influir sobre la función inmune, y las citocinas y las hormonas liberadas por un sistema inmune activado pueden influir sobre los procesos neurales y endocrinos. Los receptores péptidos regulatorios antes confinados al cerebro, son expresados por el sistema inmune y el nervioso y cada sistema es capaz de modular las actividades del otro. Es poco sorprendente, entonces, que para encontrar que la reactividad inmunológica pueda modificarse por el condicionamiento de Pavlov o que los estados emocionales o de conducta que acompañan la percepción del mundo real, o el esfuerzo de adaptarse a los hechos en ese mundo real, puedan influir sobre las respuestas inmunes. Por lo tanto, la Psiconeuroinmunología, con éxito desafió la noción comúnmente aceptada d un sistema inmune autónomo. Uno podría, entonces, considerar la proposición de que en los cambios en la función inmune intervienen loe efectos de los factores psicosociales y de las experiencias estresantes de la vida en la susceptibilidad a ciertos procesos de enfermedades y/o en precipitar o hacer que progresen esos procesos…”

Referencia
Ader, R. (1995) Perspectivas históricas de la Psiconeuroinmunología. Psychoneuroinmunology, Stress and Infection (pp 1-21). Boca Raton: CRC Press  

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