La Psiconeuroinmunología

La Psiconeuroinmunologia es una nueva disciplina científica, que se forma a partir de los años 80, apoyada en los descubrimientos de Ader y Cohen de las respuestas inmunitarias condicionadas y que postula la interacción bidireccional entre: el sistema nervioso centra, el sistema endocrino, el sistema inmune y la psique, para explicar la presencia de salud y enfermedad. La Psicoinmunología es el área de aplicación psicológica clínica de las evidencias experimentales obtenidas por la psiconeuroinmunologia.



¿QUÉ ES EL ATAQUE DE PÁNICO?




















Pablo Canelones

En algunas oportunidades las personas pueden experimentar una respuesta de pánico, con o sin motivo aparente, es decir: una reacción muy intensa de miedo, por anticipación de la ocurrencia de algo malo que comprometa su integridad física o psíquica. Se presentan conjuntamente alteraciones psíquicas y somáticas, entre ellas: aumento de la frecuencia cardíaca, vértigo, sensación de asfixia etc. claramente identificables e interpretadas por la persona como posibles enfermedades orgánicas. En ausencia de una explicación racional, se experimenta alto nivel de sufrimiento psíquico, con sensación de muerte inminente o pérdida del control. Todas estas manifestaciones son características de una alteración psiquiátrica clasificada dentro de los trastornos de ansiedad, denominado ataque de pánico, que es muy dramático pero de buen pronóstico con tratamiento adecuado a tiempo.

El ataque de pánico o crisis de angustia es un trastorno de ansiedad que aparece en forma brusca, con predominio de la activación física, que puede alcanzar su máximo nivel generalmente en 10 minutos. El comportamiento es desorganizado, puede haber conductas impulsivas orientadas por la imperiosa necesidad de escapar, que compromete la racionalidad en proporción directa a la intensidad del miedo. Se acompaña con una serie de síntomas somáticos como: sensación de falta de aliento o ahogo, palpitaciones, sudoración, opresión o malestar torácico, sensación de atragantamiento o asfixia, temblores o sacudidas, náuseas o molestias abdominales, inestabilidad o mareo. El miedo incontrolado, junto a todas estas manifestaciones somáticas produce una sensación de malestar subjetivo, que es interpretado como evidencia de una enfermedad de alto riesgo que produce una sensación de muerte inminente.
    
Durante las crisis de pánico también se presentan algunas manifestaciones o síntomas psicológicos cognoscitivos, entre ellos: la desrealización, que consiste en la vivencia o percepción del entorno como extraño irreconocible o irreal. La despersonalización, es otro de los síntomas, que se manifiesta por la sensación de desconocimiento de sí mismo. Las personas afectadas por este trastorno también reportan que al iniciarse los síntomas físicos, se apodera de ellas un miedo intenso, irracional e incontrolable que precede a un deseo urgente de huir del lugar donde ha aparecido la crisis para salir de la situación agobiante. Aunque estas manifestaciones son pasajeras, la experiencia es tan fuera de lo común que genera miedo a perder el control o volverse loco.

Hasta el momento se desconoce la causa específica del ataque de pánico. Hay una serie de hipótesis etiológicas, relacionadas con aspectos psicológicos, sociales y biológicos. Hay evidencias que indican que: el ataque de pánico es dos veces más frecuente en mujeres que en hombres, e igualmente es más frecuente en personas con antecedentes familiares con este problema. Las investigaciones para determinar la causa no han sido concluyentes. Desde el punto de vista individual se han reportado cuadros inesperados (no relacionadas con estímulos ambientales) crisis de angustia situacionales (desencadenadas por estímulos ambientales) y crisis de angustia más o menos relacionadas con una situación determinada. Con frecuencia se ha observado que el inicio puede no estar relacionado con estímulo específico y luego el miedo se asocia a la anticipación del ataque de pánico.

Tratado adecuadamente se logra superar el trastorno, que de no hacerlo se puede complicar e incapacitar a la persona en diferentes áreas de funcionamiento, porque la persona tiende a aislarse como recurso para evitar las situaciones relacionadas con el ataque. Existen muchos recursos para el tratamiento, tales como: psicofármacos, los antidepresivos y ansiolíticos han dado buenos resultados, especialmente cuando se combinan con la psicoterapia. El trabajo psicoterapéutico consiste en comprender el proceso de formación individual del trastorno, la secuencia del ataque e introducir correctivos y equipar con técnicas adecuadas para el manejo de los síntomas. La pertenencia a un grupo de apoyo también está indicada y se han reportado los beneficios, como actividad complementaria a la psicoterapia.

En síntesis, el ataque de pánico es una entidad nosológica clasificada dentro de los trastornos de ansiedad, es un cuadro de aparición brusca y genera altos niveles de malestar subjetivo. Los síntomas psicológicos a consecuencia del miedo y las alteraciones fisiológicas, hacen que la consulta inicial se realice en las salas de emergencia. El médico general debe estar preparado para orientar el tratamiento adecuado. En algunas oportunidades los prejuicios con relación a los trastornos mentales y la prohibición cultural de sentir miedo, hace que las personas eviten la consulta a un profesional y sufran en forma silente. Debe quedar muy claro que es un trastorno de salud como cualquier otro y requiere tratamiento adecuado. La persona con ataques de pánico no es ni un trastornado ni un ansioso. Es una persona con ansiedad o con ataque de pánico, porque la define su condición global de persona y nunca la particularidad de un diagnóstico.


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CAMBIAR EL PASADO PERSONAL DESDE EL PRESENTE























Pablo Canelones
  
Algunas personas se sienten atrapadas por experiencias traumáticas o mensajes negativos de figuras significativas del pasado, que obstaculizan su desarrollo personal y el disfrute del presente, por el monto de sufrimiento que supone. Incluso pueden llegar a pensar que su pasado es una carga muy molesta pero inmodificable y cualquier esfuerzo por disminuir su impacto negativo en el ámbito psicosomático, es extemporáneo. Sin embargo los aportes de la psicología y la psicoterapia nos muestran un camino liberador. Se puede cambiar el pasado personal, mediante la reforma de la interpretación de los hechos, con base en la perspectiva del presente.

Lo que diferencia al ser humano del animal, es la capacidad de simbolizar, que le permite reflexionar sobre sí mismo, los otros y la realidad externa. Tener un sentido de identidad y reconocerse en el tiempo como actor u observador de los acontecimientos vitales y actuar en el presente concreto, tener memoria y anticipar el futuro. Pero no solo es capaz de interpretar su mundo. También puede elaborar realidades simbólicas ideales, imaginarias o puramente teóricas, sin referencias concretas. Su comportamiento se encuentra influenciado por ambas construcciones cognitivas, cuya existencia las considera indudables. La historia personal es un ejemplo de esta elaboración dual, que se asume como una realidad única y absoluta.

En general se tiene la idea, de que la historia personal es la narración sistemática del conjunto pormenorizado de hechos objetivos, ocurridos en el pasado, en estricto orden cronológico. Sin embargo, desde el punto de vista psicológico, la historia personal es una construcción subjetiva, basada en la interpretación de una selección, voluntaria o involuntaria de experiencias, mensajes y fantasías, manifiestas u ocultas, en función de su carga afectiva. Todo este cuerpo de experiencias percibidas o imaginadas, del pasado, forman parte del repertorio cognitivo. Algunas de ellas son creencias de diferente naturaleza, sobre sí mismo o el entorno, que actúan como lentes perceptuales para filtrar los hechos de la experiencia actual, en función de la congruencia o incongruencia con el repertorio cognitivo del pasado.

La historia del pasado personal es una realidad: simbólica, relativa y modificable. En consecuencia, es posible cambiar sus cualidades cognitivas y afectivas. En términos generales se realiza en forma espontánea por dos vías. La primera está orientada a ampliar la estimulación del medio para aumentar la visión de la realidad. La segunda vía, se orienta a un proceso reflexivo dirigido a: ampliar, contextualizar y analizar con nuevos criterios las experiencias pasadas. También se puede modificar en forma sistemática, para ello, existe un conjunto de técnicas psicoterapéuticas, que un profesional de la psicología administra para ayudar a modificar el pasado desde el presente. El objetivo general es probar o contrastar el pasado con su realidad contextual pasada y presente.  

El pasado, presente y futuro, no son momentos aislados, sino una realidad simbólica, entrelazada, que discurre en la conciencia en forma continua, e influye de manera relativa o absoluta, en la percepción del ahora. Estar enfocado en el presente conscientemente y con una actitud de apertura cognitiva. Permite contactar con más estímulos internos y externos para la construcción simbólica de nuevas experiencias. De esta forma se puede cambiar el pasado a la luz del nuevo marco referencial del presente. Este cambio puede tener un sentido liberador, porque no solo se modifica el pasado, también el presente y futuro son observados desde otra óptica, al ampliar la lente perceptual o repertorio cognitivo para aproximarse a la realidad. La modificación cognitiva del pasado tiene una influencia significativa en el ámbito emocional y corporal.

VIVIR EN EL PRESENTE










Pablo Canelones

El presente, desde el punto de vista sensorial, es la experimentación consciente, de la estimulación perceptiva, producida en un lapso inmediato, de algunos segundos de duración, que denominamos “el ahora”. En los humanos este proceso perceptivo es complejo, porque la estimulación sensorial es interpretada con el repertorio cognitivo personal y variables de tipo motivacional o afectivo. Incluso la estimulación sensorial puede ser sustituida por elaboraciones simbólicas personales. De modo que la experiencia del presente o el ahora, puede generarse por un recuerdo o por una fantasía anticipatoria del futuro. Adicionalmente, toda nuestra experiencia psíquica está íntimamente relacionada con la realidad espacial, personal y temporal. En consecuencia, el pasado, presente y futuro, no son realidades discretas sino una experiencia que fluye en la conciencia en forma continua, y puede influir o ser determinante en la percepción personal del ahora. 

En la actualidad en medios divulgativos se ha hecho un énfasis exagerado en centrar la vivencia cotidiana, en el presente inmediato, en el “ahora”, con exclusión del pasado y el futuro, como si nuestra conciencia fuera equivalente a una cámara fotográfica. Sin embargo excepcionalmente se tiene una percepción centrada exclusivamente en el presente. Este tipo de vivencia se logra con un esfuerzo deliberado para alcanzar tal objetivo, por ejemplo: en procesos psicoterapéuticos, y mediante el cultivo de algunas técnicas de meditación de atención focalizada. Igualmente en personas con alteraciones neurológicas con déficit cognitivo y pérdida de memoria, como el alzhéimer, en donde la experiencia se centra en un presente absoluto por la pérdida de contenidos del pasado y de referentes temporales. Lejos de estas situaciones especiales, las personas se desenvuelven cotidianamente en un presente relativo, más o menos cargado de pasado y/o de futuro. 


La percepción del presente puede estar condicionada por variables emocionales ligadas a experiencias del pasado o aspiraciones futuras, que motivan o dirigen en forma consciente o inconsciente, el foco de la atención hacia algún objeto ambiental del “ahora”. La literatura científica ha reportado que se presta más atención a los estímulos cargados afectivamente, y se recuerdan con mayor facilidad. Después de focalizar la atención, se evalúa el estímulo presente con base en las experiencias pasadas, que se pueden tomar como referenciales o como patrón repetido, en cuyo caso se puede anticipar en el futuro unas consecuencias parecidas a las vividas en el pasado. Tomar la experiencia actual como única y novedosa, aunque sea parecida al pasado y construir un conjunto de hipótesis sobre el futuro pero manteniendo una actitud expectante, ante el resultado de cualquiera de las opciones, que se edifiquen en el presente, constituye un reto cotidiano que enriquece el repertorio cognitivo y aleja de la repetición de patrones estereotipados de comportamiento.


La conciencia del tiempo, junto al espacio y la identidad personal son los tres parámetros que fundamentan la adecuada orientación del psiquismo y los procesos cognitivos. Por esa razón es tan difícil que cotidianamente se pueda vivir en el presente desligado del pasado y futuro. Como decía San Agustín, en el tiempo ontológico no existen tres tiempos sino un presente con diferentes cualidades: el presente del pasado, que es la memoria, el presente del presente que es la atención y el presente del futuro que es la expectación. Por ejemplo, la experiencia del presente puede focalizar su contenido en rumiar o re-experimentar eventos placenteros o traumáticos del pasado. Así mismo, el contenido del presente puede ser la ensoñación de realizaciones futuras.


La experiencia nos dice, que la vivencia del tiempo no es una realidad discontinua, es decir, no se experimenta como cuadros separados correspondientes al pasado, presente o futuro, sino como una secuencia que fluye en forma permanente y nos otorga el sentido de ubicación en nuestro tiempo existencial. No obstante, solo podemos construir en el instante del ahora. El pasado es una referencia del acopio de experiencias que construimos en el presente y el futuro tan solo una expectativa del resultado del ahora. Ambas son representaciones simbólicas y como tales sujetas a ser modificadas desde el ahora. Desde el presente se puede reescribir la historia personal y modificarla. Igualmente se puede determinar el futuro personal e influir significativamente en el futuro del colectivo.


Vivir en el presente, implica focalizarse conscientemente en la experiencia del ahora y discernir sobre cuánto de pasado, futuro y presente hay en el ahora personal. Traspasar los límites de la experiencia pasada y tomarla como aprendizaje referencial, para construir nuevas respuestas a estímulos iguales o parecidos y anticipar nuevos resultados. Es decir, asumir el reto de transitar por espacios internos conocidos y desconocidos como vías del crecimiento personal.   

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EL DESPIDO ES UN ESTRÉS CON IMPACTO INMUNOLÓGICO






Pablo Canelones


El estudio del estrés laboral se ha incrementado en forma significativa a partir de los años 90, por el problema que representa el impacto negativo, en costos empresariales y humanos. 

Los trastornos de salud relacionados con el estrés laboral van desde los estados de ansiedad, hasta condiciones más complejas como las enfermedades cardiovasculares, la depresión y el suicidio. Los aportes de diferentes disciplinas de la salud física y mental, así como del área administrativa, han sido tomados por organismos internacionales, relacionadas con el bienestar humano y con el estudio y regulación de las condiciones de trabajo.

Instituciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización internacional del trabajo(OIT) han divulgado información y lineamientos para la prevención de los riesgos del estrés como consecuencia de la actividad laboral. Consideran que está determinado por tres conjuntos de variables: a) la organización del trabajo, b) el diseño del trabajo y c) las relaciones laborales. La OIT define al estrés relacionado con el trabajo como: “…La respuesta física y emocional a un daño causado por un desequilibrio entre las exigencias percibidas y los recursos y capacidades percibidos de un individuo para hacer frente a esas exigencias…”

Los aportes de la medicina conductual, la psicología clínica, la psicología de la salud laboral, y la psicología industrial y organizacional, así como las disciplinas administrativas, relacionadas con el estudio del trabajo y las relaciones laborales. El estrés relacionado con el trabajo tiende a ser una condición crónica y tiene una serie de consecuencias para la salud, que se manifiestan en el ámbito psicológico o físico. Igualmente se ha reportado un impacto negativo en el sistema inmunológico, que puede ser la base de algunas enfermedades laborales.
  
Las investigaciones han reportado que la inestabilidad en el puesto de trabajo y el desempleo, se consideran graves situaciones de estrés crónico. Los investigadores Classen y Dunn, en el 2011, reportaron los resultados de un estudio con las estadísticas mensuales de suicidio y ocupación de un lapso de 9 años, en una muestra de trabajadores de los Estados Unidos y encontraron relación entre los despidos, individuales o masivos con el aumento del riesgo de suicidio. El desempleo tiende a ser un estrés crónico y puede afectar tanto a los sistemas neuroendocrino e inmunitario, y manifestarse por reacciones tales como: respuesta lenta de las células del sistema inmune ante los mitógenos estimuladores y/o disminución de la actividad citotóxica de las células natural killer (NK), en los trabajadores desempleados o en los que perciben alta inseguridad en el empleo y/o estrés en el trabajo, como se ha reportado por un grupo de investigadores, encabezados por Arnetz, en 1987. Aunque los factores genéticos tienen un papel clave en la patogénesis de enfermedades autoinmunes, el estrés en el trabajo se ha relacionado con una mayor incidencia de trastornos relativos a la autoinmunidad. El impacto del evento estresante en las células NK, es tal, que el equipo de investigación de Boscolo en el 2011 consideró que las células NK pueden ser incluidas en los programas de salud laboral, como un índice indirecto del trabajo estresante. El impacto del desempleo como evento estresante puede tener influencia negativa también en los hijos de los padres desempleados, quienes pueden presentar una reducción promedio del 4,5% del peso al nacer, de acuerdo al reporte de Lindo J, en el 2011.

Los funcionarios encargados del diseño de políticas públicas deben considerar que la reducción de los costos en las nóminas puede generar mayores gastos en los sistemas de salud, si no se diseñan programas adecuados para minimizar los altos niveles de estrés que se puede generar en la población afectada por el desempleo. 

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